Cuatro años de guerra en Siria: el fracaso de la diplomacia

Toda esta semana la prensa internacional nos recuerda acertadamente con datos y dramáticas imágenes la cruenta realidad de una guerra que ya ha durado cuatro años, que sigue cobrándose vidas humanas, desplazando a familias enteras y destruyendo la propia infraestructura que todavía queda por derruir en ese histórico y maravillo país llamado «Al Sham: Siria».

Ante la indiferencia de la comunidad internacional, la opinión pública mundial, en general pero sobre todo por lo que nos respecta a nosotros, la opinión publica europea, debería haberse movilizado y haber exigido a nuestros dirigentes políticos otro tipo de actuación que la hasta hora mostrada. Nunca es tarde cuando lo que está en juego es salvar vidas humanas y detener la espiral perversa de la violencia y la destrucción. Al observar y examinar el por qué se ha llegado a esta situación tan dramática, todos nos deberíamos preguntar por qué la comunidad internacional ha sido incapaz de evitar tal tragedia. Tragedia que algunos piensan olvidar o no reconocer en la que más de 200.000 personas han perdido la vida, en la que se ha desmembrado todo un gran país, al fragmentarse entre distintas comunidades enfrentadas y donde doce millones de personas, doce millones, se encuentran desplazadas. El país más antiguo de oriente medio, cuna de nuestra civilización y al que solía referirse Henry Kissinger «al que siempre se le necesita para hacer la paz en Oriente Medio» ha sido el escenario perfecto donde el nuevo armagedón del siglo XXI se ha llevado a cabo.

Y es que si hoy asistimos a este fracaso colectivo es sobre todo porque la diplomacia ha estado prácticamente ausente a la hora de resolver este conflicto y cuando se ha querido o pretendido aplicar alguna medida diplomática, esta se ha realizado tarde y mal. No ha existido ningún intento serio, constante o efectivo para poner punto final a tan significativa barbarie.

Hoy quizás lo fácil sería volver a señalar con el dedo a los principales responsables. Muchos siguen pensando que es la única manera de resolver o transcender esta sangrienta catarsis que Siria está viviendo. Mi opinión es la contraria, lo que ocurrió desde el principio, y así lo señalé, fue facilitar y abrir la vía hacia una guerra civil en lugar de buscar un acuerdo a través una solución política a la crisis.

Hoy podríamos continuar como hasta ahora hemos actuado, dejar que le tiempo y la usura de los enfrentamientos y la desesperación terminen aconsejando a las partes a buscar una solución negociada. O por el contrario podríamos acelerar y exigir con determinación un final de la crisis de forma urgente ¡O es que en este principio de siglo vamos a acostumbrarnos a vivir con conflictos regionales permanentes en los que la muerte y la destrucción forman parte de la nuestra cotidianidad! ¿Cómo es posible que todavía seamos incapaces de imponer un «alto el fuego» en Siria, a qué deberíamos esperar? No creo, que si repasamos el sinfín de los conflictos que el mundo ha sufrido después de la segunda guerra mundial no podamos constatar que siempre se alcanzó tras un periodo relativamente corto un cese de las hostilidades. Ocurrió en Korea, Vietnam, en Oriente Medio, en sus distintas guerras, del 56, en el 67, el 73 y en el 82. ¿Por qué no lo hemos conseguido en Siria? Algunos podrán decir con cierta razón que por culpa del veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad. Probablemente eso fue una de las razones pero también porque no hubo una diplomacia adecuada para convencer a estos actores y detener los enfrentamientos, hemos asistido con la guerra de Siria a lo que se podría denominar la nueva «drone diplomacy», es decir, la diplomacia a distancia, ya no hay enviados sobre el terreno, ya no hay embajadores acreditados en Damasco, solo hay servicios de inteligencia, medios informativos y Ongs para cubrir las necesidades humanitarias pero nadie negocia sobre el terreno un final del enfrentamiento salvo los esfuerzo siempre difíciles del represente del Secretario General de NNUU, Staffan de Mistura.

Hay que evitar a partir de ahora los múltiples errores que se cometieron en la gestión diplomática de la crisis libia. Se proclamó, urbi et orbe justo las primeras semanas del conflicto que se quería un cambio de régimen y que el Presidente Bashar al Assad debía marcharse inmediatamente y posteriormente unos meses más tarde se le envío al ex S.G. de NNUU, Kofi Annan, a negociar con él.

Posteriormente se fijaron líneas rojas que de infringirse llevarían a los Estados Unidos y a sus aliados a una intervención militar; estas se infringieron y, sin embargo, se buscó una salida negociada para el desmantelamiento nuclear de Siria pero se cerraban los ojos para que la guerra continuase, se armaron las milicias de la oposición y con la connivencia de casi todos los actores implicados se facilitó la creación del “hoy” gran enemigo de occidente el Estado Islámico de Irak y el levante. Se le dotó de armamentos y financiación y se le dejó que ocupase el espacio político y militar que una oposición moderada y moderna fue incapaz de mantener; todo ello porque en lugar de jugar en el terreno de la “diplomacia, el dialogo y la política” se optó por la opción militar en donde las milicias de “Al Nusra “ eran mucho más capaces que los brillantes representantes racionalistas de una oposición que se sentía más cómoda en los salones de París o Washington y otras capitales del golfo.

La gran mayoría de los analistas continuarán diciendo que la principal responsabilidad recae sobre el presidente Bashar al Assad, puede que sea así pero el Presidente sigue al frente de su gobierno en Damasco. Por qué no se buscó o se busca ahora una fórmula política o diplomática para encontrar una salida negociada, con un calendario, un proceso y un acuerdo razonable que busque como único objetivo prioritario defender al pueblo de Siria y a su ciudadanía y salvaguardarle del horror y del caos y la violencia. Este último fin de semana hemos escuchado al Secretario de Estado norteamericano John Kerry que «tendrán que negociar con Bashar al Assad». No se había podido tomar esta decisión mucho antes… Se dirá que Ginebra I y Ginebra II fueron dos intentos fallidos, puede ser, pero en diplomacia, en la verdadera diplomacia, cuando hay un fracaso, siempre, siempre, hay que volver a intentar buscar una solución.

¿Por qué no convocar urgentemente un Ginebra III pero bajo otros parámetros y otras participaciones?, ¿cómo es posible que todos coincidan en señalar a Irán como un actor fundamental en el apoyo al régimen sirio con influencia y capacidad de actuación y sin embrago se le excluya de la mesa de negociaciones?. Eso sí, se habla con Irán para frenar su capacidad futura de destrucción nuclear. Por qué no se habla con Teherán para poner punto final a la guerra de Siria?

Todos estos errores del pasado deberían ser examinados con un sentido crítico, de lecciones a aprender y no repetir, pero en este nuevo tiempo los europeos deberíamos tomar la iniciativa para frenar esta guerra tan vital para nuestros intereses.

Siria no es algo ajeno y distante, lo estamos viviendo ya en Europa con el despliegue y las barbaries del estado islámico. La unión europea y su alta representante deberían liderar una misión de urgencia de paz en la región. Todos agradecemos a NNUU que este fin de semana hayan inaugurado una exposición de fotografías en su sede de Nueva York, denunciando las atrocidades y los horrores de la guerra. Pero esto no basta, NNUU no es una galería de arte, NNUU tiene como objetico mantener la paz y la seguridad en el mucho y su Consejo de Seguridad debe movilizarse cuando hay guerras y conflictos. Hoy hay 4 países europeos como miembros del consejo entre ellos nuestro país, España. Algunos de ellos, y por qué no el nuestro, deberían tomar de nuevo la iniciativa para volver a recabar el establecimiento de un alto el fuego y exigir la inmediata puesta en ejecución de un corredor humanitario y solicitar por último la convocatoria de una nueva conferencia, Ginebra III, para buscar el fin de esta tragedia que ya ha durado demasiado.

Estos cuatro años han demostrado que no hay solución militar y si esta no es la solución la respuesta es evidente: la única solución será la diplomática. Por favor que vuelva la diplomacia. Millones de Sirios lo reclaman cada segundo.