La conferencia de paz de Madrid: una conmemoracion ignorada una paz olvidada

El pasado 30 de octubre 2016 se cumplieron 25 años cuando en una fría mañana otoñal de Madrid nuestra capital fue el centro de la historia de la humanidad. Por primera vez, tras largas décadas de desencuentros, ignorancias y enfrentamientos violentos, los pueblos y naciones de ese Oriente Próximo desgarrado aceptaban reunirse en torno a una misma mesa y mirar al futuro conjuntamente para desterrar definitivamente el odio y la guerra entre ellos.

Todos aquellos que vivimos ese momento no podemos olvidar, no debemos renunciar a revivir esa emoción contenida que todos los asistentes sentimos en aquel entonces. Los primeros capítulos de la paz en Oriente Próximo se escribieron y relataron durante esos días en la capital madrileña. Se rompieron tabúes, se abrió la puerta a la esperanza de una paz definitiva e incluso los más reticente y escépticos solo reclamaron en sus discursos la necesidad de más tiempo, de mayor madurez política y psicológica para alcanzar ese sueño compartido de paz y reconciliación. Madrid levantó la losa de la incomprensión histórica entre árabes e israelíes. Madrid derrumbó las murallas de incomunicación, como si las trompetas de Jericó representadas por la kefia de Saeb Erekat, miembro de la delegación jordano-palestina, representase el signo irrenunciable de una legítima aspiración del pueblo palestino.

En nuestra capital se inició el proceso de paz, pero sin embargo, este proceso no ha sido capaz hasta ahora de concluir su camino. Muchas fueron las etapas recorridas en estos 25 años. Algunas de ellas muy positivas. No todo es desesperación en Oriente Próximo. Se suscribió el tratado de Paz entre Israel y Jordania. Se devolvieron parte de los territorios ocupados en la guerra del 67. Las negociaciones entre israelíes y palestinos estuvieron muchas veces a punto de concluir felizmente. Aunque Oslo, cambió la ruta y el método y nos hizo perder tiempo y dirección en la búsqueda de un arreglo definitivo, iniciativas como los parámetros de Clinton, los acuerdos de Taba y las propuestas del Primer Ministro israelí Olmert, estuvieron muy cerca de culminar con la resolución del conflicto.

Con Siria se tocó la paz con la punta de los dedos pero una negociación torpe y arrogante por parte de los norteamericanos hizo fracasar la reconciliación entre Siria e Israel. A su vez, Israel se retiró del sur del Líbano y solo habrá que esperar a un contexto positivo en la región para que se selle formalmente la reconciliación entre estos dos países.

Han sido años difíciles, con momentos de esperanza, sobre todo en aquellos años en que Isaac Rabin impulsó el profundo deseo del pueblo israelí por la paz y comprendió que su interlocutor palestino Yaser Arafat era un serio y comprometido socio para la paz.

También han sido años en los que la guerra, el terrorismo y la desesperación han seguido siendo protagonistas de esta historia tan dramática para el levante Mediterráneo.

Desgraciadamente, hoy esta apreciación negativa, esta sensación pesimista, parece haber alcanzado al sentir general de la opinión publica internacional y lo que es peor a los dirigente mundiales que se han refugiado en un fatigoso cansancio fatalista y de impotencia que les paraliza a la hora de buscar soluciones.

Este clima de desinterés, de apatía desesperada es lo que podría explicar que el XXV aniversario de la celebración de la Conferencia de Paz de Madrid, haya pasado en el total de los olvidos, haya sido una conmemoración ignorada. Nadie ha realizado referencia alguna, ni en los medios políticos ni periodísticos y lo que es más grave, nuestra diplomacia, la diplomacia española, no ha querido, no ha podido, no ha sido capaz de capitalizar un activo tan relevante como fue la Conferencia de Paz de Madrid. Esperemos que una vez se forme el nuevo gobierno, se pueda reconsiderar esta situación de olvido y tratar de recuperar este hito histórico para hacer balance de estos 25 años de proceso de paz y facilitar una solución al estancamiento actual. Sé que el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu siempre recuerda Madrid como un momento clave en su vida política. Conozco que los palestinos están también deseosos de encontrar una vía para desbloquear el “impasse” de los últimos años. No sería tampoco de extrañar que el Presidente Obama una vez se celebren las elecciones norteamericanas de los próximos días, pueda considerar que su última contribución a la paz como presidente es aportar su compromiso para reconducir todo este proceso.

La mirada hacia esta región está hoy dirigida hacia las ciudades de Alepo y Mosul. En ellas se están librando batallas decisivas y necesarias para reestabilizar Siria e Irak, pero la comunidad internacional debería concentrarse en otra batalla diplomática, para mí aún más esencial, lograr establecer la “Solución de dos Estados” Israel y Palestina, que puedan vivir en paz y seguridad. Madrid, podría ser el lugar de esta nueva contienda diplomática y logar reunir a todos los actores de nuevo para poder escribir el capítulo final de este proyecto de paz. No podemos aceptar que esta paz esté olvidada pues sin ella no puede haber futuro en toda esta región.